miércoles, 19 de mayo de 2010

El director Técnico


Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas.
El entrenador decía:
Vamos a jugar.
El técnico dice:
Vamos a trabajar.
Ahora se habla en números. El viaje desde la osadía hacia el miedo, historia del fútbol en el siglo veinte, es un tránsito desde el 2-3-5 hacia el 5-4-1. pasando por el 4-3-3 y el 4-4-2. Cualquier profano es capaz de traducir eso, con un poco de ayuda, pero después, no hay quien pueda. A partir de allí, el director técnico desarrolla fórmulas misteriosas como la sagrada concepción de Jesús, y con ellas elabora esquemas tácticos más indescifrables que la Santísima Trinidad.
Del viejo pizarrón a las pantallas electrónicas; ahora las jugadas magistrales se dibujan en una computadora y se enseñan en video. Esas perfecciones rara vez se ven, después, en los partidos que la televisión transmite. Más bien la televisión se complace exhibiendo la crispación en el rostro del técnico, y lo muestra mordiéndose los puños o gritando orientaciones que darían vuelta al partido si alguien puedira entenderlas.
Los periodistas lo acribillan en la conferencia de prensa, cuando el encuentro termina. El técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas:
Las instrucciones eran claras, pero no fueron escuchadas, dice, cuando el equipo pierde por goleada ante un cuadrito de morondanga. O ratifica la confianza en sí mismo, hablando en tercera persona más o menos así: «Los reveses sufridos no empañan la conquista de una claridad conceptual que el técnico ha caracterizado como una síntesis de muchos sacrificios necesarios para llegar a la eficacia».
La maquinaria del espectáculo tritura todo, todo dura poco, y el director técnico es tan desechable como cualquier otro producto de la sociedad de consumo. Hoy el público le grita:
¡No te mueras nunca!
Y el Domingo que viene lo invita a morirse.
El cree que el futbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialida de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi.
Eduardo Galeano

martes, 27 de abril de 2010

Ruego a Dios
Fernando Jerez

Le he dicho a Dios:
Dios, te equivocaste el día de la creación. Hay cosas mal hechas. Un error cometido en la apreciación de las mezclas espirituales, ha llenado la tierra de gente mala; de bellacos que pasean sus triunfos por todas partes y, lo que es peor, lo hacen mofándose de los buenos, y tomando para sí los placeres y el dinero que desde el principio has deseado repartir multiplicados como los panes.

Dios, se te ha complicado el mundo. Una virtud aislada encubre y alimenta millones de malas acciones. A la multiplicación de los pecados, tú respondes en represalia con nuevos desastres y enfermedades. La población mundial, furiosa y humillada, ha llamado en su defensa a médicos y científicos que se gastan la vida en laboratorios sin obtener la más mínima evidencia de las claves secretas que tu olvido divino se obstina en no revelar al microscopio o al tubo de ensayo. Esta guerra no tiene para cuándo terminar.

Dios, son demasiadas las mentiras que distraen tu mente y consumen el tiempo eterno que tienes por delante, escaso, sin embargo, para una administración sin fin. Tampoco has querido delegar en otros la responsabilidad de ponderar las faltas que cometemos en la tierra. Los santos carecen de poder para ordenar la aplicación de milagros urgentes sin previo trámite divino. Creaste la verdad, pero ha venido a engullírsela -con el permiso tuyo, por supuesto-, la mentira, lo cual provoca que la población mundial sature los templos con arrepentimientos, confesiones e indulgencias. Actos movidos por el interés de remover pecados que por atractivos y testarudos, volverán desde lo profundo del deseo a derribar otra vez voluntades endebles. Presumo que son estos fenómenos frecuentes los que han restado valor al perdón.

Dios, cuántos hombres sobre la tierra, y aparatos de televisión, ampolletas, botellas de vino, revólveres, pistolas, ametralladoras, todo lo cual tú tienes que hacer funcionar y echar a perder, vaciar y llenar, activar y desactivar, enfermar o curar. Pienso otra vez que pierdes demasiado tiempo.

Dios, son millones cada día los ataúdes y velatorios con viudos y huérfanos llorosos. No hay un segundo en que el luto no se manifieste en infinidades de ceremonias calamitosas. Actos que constituyen una prueba inútil de tu poder. Controlando desde arriba los límites del dolor, pierdes minutos preciosos. No deberías malgastar el tiempo permitiendo que en aras de la libertad, el ser humano pueda fallar eligiendo el infortunio.

Dios, la institución de los arrepentidos no me parece una buena ocurrencia. Suman tantos los que a través de los siglos se han acogido a ese seguro contra el pecado, que no te va a quedar terreno donde poner a los injustos ganadores del premio celestial. En suma, derrochas tiempo e ingenio construyendo paraísos no para albergar a gente buena, sino a puros aterrados de último momento.

Dios, los condenados ya están produciendo atochamientos en las vías que conducen al infierno. Pronto van a derramar como lava de volcanes su corrupción ardiente sobre los justos del cielo. Está claro, por despejar el tránsito y ordenar las vías al paraíso, infierno y purgatorio, dilapidas momentos creativos que bien podrías emplear en soluciones de fondo.

Dios, cuantiosas súplicas te distraen:
te ruegan los unos contra los otros en El Líbano y en Jerusalén, en Bosnia, Serbia y Croacia, te ruegan once tipos en el camarín del Real Madrid y los once rivales en el cuarto vecino, te ruega el enamorado que teme al otro y te ruega el otro, te ruegan el obrero que agoniza en el subterráneo de la mina, la madre que espera, y el fotógrafo de accidentes que sueña con el premio anual de gráfica espectacular, te ruegan el dictador en su búnquer y el preso en la mazmorra, en el casino de juegos o en el palacio asediado a polvorazos, te ruega el que oye con la vista vendada, el que ve con el oído y el que apunta con la mirada fija en su salario de esbirro, te ruegan que llueva y que no deje de llover, que salga el sol en los campos y que lo escondas en el desierto, te piden zapatos, te piden manos y te piden pies.

Te piden fuerzas en el mar para llegar a tierra y en tierra una oportunidad de perderse, por fin, en las aguas extensas y profundas,te piden ver y no ver, con palabras y con pensamientos.
En conclusión, asuntos poco relevantes dada tu investidura de Autoridad Suprema, pero suficientes para estorbar la dedicación concentrada y plena de misericordia que necesitas para mejorar los aspectos fracasados de tu invento.

Dios, los humanos te piden soluciones. Que no eches a rodar los problemas trescientas y tantas veces, año tras año, alrededor del sol.
Por tanto:
Este humilde hijo, propone a su padre Dios algo tan simple como abolir la vieja práctica de empezar todo por el principio y acabar por el final; hazlo, si tienes voluntad para dar la vuelta completa, revolucionando una obra que la inercia sin cambios ha vuelto ineficaz.

Dios: en sencillas palabras te ruego suprimir lo más pronto posible la muerte y los nacimientos. Como esta petición te puede tomar por sorpresa, quizás desees hacer un barrido apurando las últimas muertes antes de fundar el nuevo orden que habrá de restablecer la inocencia desbaratada por Adán y Eva. Tal vez resuelvas dejar en la tierra -adonde será trasladado el nuevo paraíso-, sólo a quienes se han ganado la eternidad amándote con obras solidarias. Apúrate, Dios, pronuncia rápido el decreto innovador, porque hay personas que se encuentran a punto de perder la vida, como es el caso injusto de Raimundo Amador Torres Torres, de veintisiete años.

Te bastará con desautorizar al corazón, a la sangre y al oxígeno, de su tiranía vital, fosilizándolos como viejos instrumentos del pasado.

Con tu decisión ganaremos tú y yo la satisfacción de rectificar errores. Volveremos a sentir el amor como tú lo concebiste por la época en que nada tenía forma o sentido, y como no lo hemos podido entender acá los imperfectos; estoy seguro de que yo, particularmente, seré un hombre nuevo, un resucitado de verdad.
Algo no quiero olvidar:
y es que no vayas a creer que pido abolir la muerte y los nacimientos en beneficio propio. No. Ofrezco mi vida en sacrificio, mi muerte anticipada. Lleno de alegría te pido que desde ahora me incluyas en el primer barrido que piensas hacer para mejorar la calidad de vida en esta tierra, siempre y cuando,te ruego, Dios, admitas entre los vivos eternos a mi buen amigo Raimundo Amador Torres Torres, conocido mío desde los cuatro años, herido a bala ayer sábado, en la posada "El caminante", a las 0,45 horas, víctima de mi mano sin control, enloquecida por la ebriedad, en los instantes que atendías otros ruegos y llamados desde África, Asia, Europa y Oceanía, y dejabas durante un par de segundos en el desamparo más completo, a la América del Sur y al pueblito donde vivo.
Amén.
Cuento extraído de : www.escritores.cl

Blog del Curso

Estimados, como les mencioné en la última clase, agregaré en este blog lecturas. Posteriormente en clases, les haré algunas preguntas.
Andrés Leal.